
El anciano Chejov, quien con la edad ha ganado fama de cruel y de estar loco, decide organizar una reunión especialísima donde ha ofrecido grandes acontecimientos. En cuanto ingresan, los invitados ven un montón de clavos colocados en la pared de una habitación pero ningún cuadro para colgar de ellos, ni siquiera un retrato familiar. Alguien corre el rumor de que él los empezó a colocar desde su juventud cuando tenía fe en que sucesos importantes pasaran por su vida, pero ha llegado a los ochenta y a más de un par de gripes por cambio de estación no le ha pasado gran cosa.
Cuando el grupo está completo ( han llegado trece, justamente) Hace la entrada Chejov, pistola en mano, anunciando que todos morirán porque esa es la voluntad del creador. " Si no hay nada que colgar en la pared, al menos la pintaré con sangre" sentencia dramáticamente. La pistola apunta hacia las caras de horror de todos y elige a una joven aterida que lleva en brazos a un pequeño perrito.
Dispara.
No pasa absolutamente nada más allá de una bulla general que puede interpretarse hasta como de decepción. Chejov, perplejo jura que la pistola está cargada pero nadie le cree. Uno a uno, los personajes van saliendo de la habitación. Chejov, agobiado, contempla los clavos para siempre inútiles.
Así, el cuento se queda vacío.


2 han dicho:
Me gusta este micro relato , al leer Chejov pensé que ibas a decir algo sobre el maestro del short story , pero termino en un texto que tiene un punto emocional intenso algo paranormal , en fin , me cuentas cómo está el amor de mi vida de Rosa M. , Tambien me pareció apetecible , un abrazo . Chao.
Hola Pablo, como todo amor se ha acabado ya y debo poner otro en su lugar ;)
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