
“Que no se diga probó de mil venenos”
Génesis
Siomara España
Si alguna vez te monta un hombre dorado, un hombre hecho de miel, hermoso como un Cristo hasta en las contracciones de su espalda; si viene y te cabalga, prende con alfileres ese instante, guárdalo pero también ten con buen filo las armas. Tal vez te arremeta con ojos líquidos, los de un mártir conmovido en el rictus de un orgasmo lírico o tal vez su placer sea gutural y reservado. Guarda como recuerdo el olor afrutado de su piel caliente y la boca que buscará en ti sabores: chupar índices, pulgares dulces, pezones. La lengua que contra su paladar te exprimirá como una tenaza carnosa y tibia. Serán dos horas de hotel, quizá menos: una y tres cuartos. Mucha sangre de la que luego deberás dar cuentas en recepción como si en lugar de haberte apuñado el sexo hubieran muerto sobre la cama 3 reses. Primero la sorpresa de los cuerpos que se abren desaforados porque luego de los treinta ya no importa con quien haces el amor o follas. Uno se convence de que todo ya será fugaz, volátil y entonces sea este jinete quien te devaste o sea otro, hay que entregarse con heroicidad a fraguar las batallas de la carne, a dar el pecho y también darse de espaldas. Ya más tarde desde la trinchera de toallas y de ropas, cuando hayas hecho que su punta se derrame y se vistan, otra vez serán extraños, serán de nuevo el azar: la fatalidad o la fortuna de dar el uno con el otro algún día, en una calle cualquiera. Y si han gritado sus nombres es porque es probable que se vuelvan líquidos muy pronto y si ha habido heridas de dientes es porque aplaudiéndolos en su mejor pirueta estuvo la muerte. Es probable que al despedirse te bese en la frente y te habla de viajes y de sótanos. Asiente, tú también platícale de nortes, de estaciones y de amantes que construyeron una civilización entre tus piernas. Y luego vuélvete pronto, gira antes de que se convierta en sal.
Así que si alguna tarde cualquiera un hombre rubio da con la habitación de tu hotel y toca la puerta pidiendo ser sanado. Deja pasar a su sombra, querida mía, recíbela con lametones felices, pero ten lista la espada.


1 han dicho:
Me gustaron todos. Increíbles...
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