sábado 8 de octubre de 2011

Uno está solo...



Ha medida que envejezco y me consolido en la soledad voy insertándome cada vez más en el grupo de los "upsiders" sociales : parejas sin hijos, intelectuales neuróticos, niños grandes, homosexuales, ninfómamas, geeks, hombres con malas costumbres afectivas disfrazados de artistas. Todos con un gran campo creativo que se esfuerzan en sembrar con palabras, con gestos, con histrionismo pero que no es más que hierba falsa tras la que se oculta el deseo atroz de conseguir compañía. Por eso, cuando la " comunidad" ya no puede contener más su pesar y llama por teléfono a quien sea, a cualquiera de los otros monstruos, a la hora que se le ocurra, hay que contestar prestos al segundo timbrazo, no vaya a ser que le pase a alguno como a Marilyn Monroe, la patrona de los solitarios, que no sobrevivió la noche porque no dio jamás con alguien que levantara el auricular, ese agosto del sesenta y dos.

Solange Rodriguez Pappe

Participo mi alegría al haber hallado la cita inicial de mi siguiente libro: " La bondad de los desconocidos"

Uno está solo. Uno compra un dulce para vengarse de la soledad. Uno está solo y lee, para buscar la compañía de otro que también está solo y por eso escribe. Uno está solo con su piel de solo. Una tiene novio, marido, o amante, porque dicen que la soledad a dos es más soportable, pero la soledad es siempre la misma, endúlcela o no. Uno tiene hijos porque son ellos los que uno cree que harán olvidar cuán solos estamos, pero un día han crecido y uno reafirma que es el culpable de la soledad de los hijos. El parto es el acto de soledad más grande de la vida, porque hay un ser que te abandona, que dejó de ser tú. Un ser que se sintió muy solo dentro de ti. Y nos cae encima todo el peso de la muerte, todo el peso de la vida. ¡Ese terror tan solitario! Uno está solo y mira al teléfono. Escuchas música con placer sadomasoquista de estar todavía más solo. Uno está terriblemente solo y mira a través de la ventana, siempre habrá una ventana para cada solo, y un smog de soledad se cuela por las chimeneas. Uno está solo frente a la correspondencia, frente a las cartas del que se queja de que no puede más porque está solo y por eso se suicida, pero también decide vivir, porque quién sabe si haciendo como que no nos damos cuenta dejamos de estar tan solos. Y porque al menos conocemos la soledad de este mundo, ya es algo. Uno está solo y se emborracha, y en la borrachera de lo único que logras acordarte es de que estás inmensamente solo con la botella vacía. Y en el cine uno está calladamente solo, enfrentado a la soledad de los actores, del director, del guionista, uno está solo frente a un puñado de soledades y no se puede ni fumar. Uno está solo y fuma, los cigarrillos son deliciosos compañeros de viaje. Los cigarrillos tan solos en los ceniceros. Desapareciendo. Desapareciéndote. Uno está solo y consigue un gato, lo miras a los ojos y sientes escalofríos porque el gato está tan solo en su especie. Uno está solo y organiza fiestas, a donde irán los tristes a encontrar pareja, y casi siempre son los tristes los que se van sin ella, solos en ellos mismos. Y los alegres encuentran rápido, pero se marchan todavía más solos: sumando la del prójimo. Uno está solo y termina bailando con su sombra, en puntillas, para no molestar al vecino que estará haciendo el amor con su doble. Uno está solo y crea una historia, verdadera o falsa. Uno está solo y la escribe para que los demás también sientan que están solos, y uno no sea más el solo del mundo. Y porque quién sabe si acabamos por comprobar que la conciencia de soledad a más toca a menos, aunque sea otra mentira comprobada. Y porque no es tan fiera como la pintan.


Zoe Valdés, Sangre azul (1993. Finalista del Premio La Sonrisa Vertical).