lunes 26 de diciembre de 2011

Dicen que partir es morir un poco



Las mujeres están rotas, trizadas o tintinean y pedaceadas, en lugar de desistir, persisten. La vida sigue en cada rotura. Una continúa latiendo con los orificios vacíos, sin vesícula, sin dedo medio, careciendo de ombligo. Una se sigue agitando como un látigo o como una lagartija sin cola. Vibrando como una bacteria que se defiende de los ojos científicos; continúa porque está contaminada hasta las mandíbulas, porque tiene el mal del movimiento.

Multiplicarse en cuatro, en doce, con contracciones anilladas parirse en treinta y seis partes que de una no nacieron, sino de su cerebro o por su boca; que cada pedazo se vuelva una mujer que se fragmente por setecientos setenta, que cada trozo vaya furibundo a desovar al mar: y lo incendien.